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¿Pecado?

¿Estar en un púlpito te hace acaso estar por encima del respeto a los demás?

Cuando se espera que tu espíritu sea más elevado que el del resto de los mortales ¿crees que puedes escupir inmundicia sobre el resto de las personas y sobre el dolor que acarrean en sus vidas?

¿Qué hay de la comprensión, caridad, empatía, solidaridad que se presupone cuando estás en determinado cargo?

¿Cómo se puede ensuciar lo que tantas personas de buen corazón hacen una labor encomiable de acompañamiento, de ayuda espiritual, de colaboración, de empatía de esa forma tan abominable?

Y lo visible que se hace alguien que escupe maldades habiendo tantas personas en su mismo trabajo que son fabulosas, encantadoras, solidarias, empáticas, cálidas…

El hecho de contar con un lugar privilegiado ¿te da derecho a ser insensible con tus congéneres?

Mi más profunda comprensión a todo el que tiene que vivir esa difícil circunstancia en sus vidas

El nivel de miseria del alma de los que pronuncian esas palabras es gigantesco.

¿Quisiste?

Pasó el tiempo y me he reconciliado con lo nuestro y ahora me he puesto a pensar…

Te quise, te cuidé y perdí los papeles contigo en algunas ocasiones, pero tu no me cuidaste y perdiste muchas veces los papeles.

Perdiste los papeles y también tu vida y parte de la mía. Yo soy responsable de haber permanecido tanto tiempo.

Espero que sí, que puedas apreciar lo maravilloso de cuidar de alguién. Que seas capaz de cuidar sin contraprestación a alguién.

Espero que seas capaz de respetar las decisiones de los demás permaneciendo ahí.

Espero que seas capaz de engrandecer, de apoyar con respeto, de «sólo estar ahí».

Te deseo que puedas llegar a amar y a hacer sentir amado a alguién.

¿Quisistes?

Como quién oye llover.

Ella se dió cuenta de que no era nadie para sus compañeros cuando a alguién se le escapó que hacían actividades en las que no estaba invitada, cuando no la dejaban intentar cosas nuevas, cuando no la enseñaban nada de lo que ellos habían aprendido, la relegaban en todos los sentidos.

Se dió cuenta y eso fué un choque, porque no lo vió venir. Fué un puñetazo en toda la cara. Le dolió como nadie se imagina, sintió rabia, dolor, impotencia, ganas de … gritar, patear, escupir el veneno que la tenía infectada, morder…

Luego fué transitando entre las emociones fuertes y la desilusión absoluta y llegó a no importarle. Vamos: cómo quién oye llover.

Y ahora ya puede relajarse y participar en alguna broma, pero en el fondo no le importa nada de lo que digan.

¿Trabajas o has trabajado con personas que, tu crees que, te despreciaban? ¿Cómo te sentiste?