Te veo y verte me recuerda que vivimos en modo automático hasta que algo se rompe en nuestra vida y nos deja en shock.
Seguro que le amabas y te levantabas corriendo todos los días de la cama sin darte mucho tiempo a mirarle, a besarle, a hacerle cosquillas, a darle los buenos días.
Seguro que, cuando volvías a casa, ibas corriendo de un lado para otro sin prestar mucha atención.
Seguro que os sentabais a comer juntos, pendientes del peque, de las noticias en la tele.
Seguro que, en ocasiones, por la noche cada uno veía una cadena de televisión, prestando atención a si el peque se despertaba.
Seguro que, a la hora de acostaros, cansados del trabajo, de las labores del hogar, del cuidado del bebé, caíais rendidos.
Seguro que la mayoría de los días eran repetitivos y un día…
Seguro que ninguno de los dos se imaginaba que un día uno dejaría de estar de repente.
Seguro que tu mundo se derrumbó y sin tiempo para llorarte tuviste que reconducir una vida que parecía estable y ya no lo es.
Seguro que, con el alma partida por la pérdida, tuviste que encargarte de cosas que te hacían sentir miserable.
Seguro que cuando miras a tu peque el alma se te rasga y en la garganta se te hace un nudo mientras tus ojos tratan de contener el mar de tu dolor.
Seguro que piensas en las cosas que abrías hecho, en las caricias que habrías dado, en los besos que ya no podrán llegar a destino, si supieras lo que iba a pasar
¿Cuántas cosas harías si supieses que tu gente no estarías mañana? ¿Cuántas cosas harías si supieses que mañana no estarías?