Hoy me he retrasado, por ello pido disculpas. Estuve pensando qué y quién iba a protagonizar mi entrada. Estuve dando vueltas a mis referentes y descubrí que sólo tuve un referente masculino en mi infancia y juventud: mi querido «papaíto». Pero hoy le toca a las mujeres y sé que no caben todas aquí.
Mi querídisima «mamaíta»: una mujer pequeña, menuda, tremendamente cálida. Era un ejemplo en todos los sentidos: solidaria, moderna (más que sus hijas), cálida como ninguna otra y con una practicidad que te dejaba sin palabras. Recordaré siempre esa preciosa mujer haciendo chulas, papas, huevos fritos con patatas fritas (los mejores que he podido comer en mi vida), cómo te ponía las manos en la cara con un gesto que sólo ví en otra persona (otro capítulo). Fuerte, a pesar de su aparente fragilidad. Dura, resistente, una columna a la que agarrarte. Una mujer con una paciencia infinita, con un respeto por la vida ajena que era un ejemplo para mí. Siempre fué capaz de ponerse en los zapatos del otro. Un ejemplo a seguir y que merecería mucho más ella sóla. Su palabra: C A R I Ñ O

Carme, la mejor profesora que he tenido. Una mujer comprometida con todos y cada uno de sus estudiantes, que se preocupaba de saber que pasaba en sus vidas por si necesitaban algún tipo de ayuda (eso no era fácil de encontrar en aquellos tiempos). Que intervenía cuando creía que era necesario y que era capaz de dar una clase que nos dejaba la cabeza dando vueltas, con unos métodos disruptivos, divertidos y tremendamente estimulantes. Una mujer que celebraba nuestros triunfos como si fueran los suyos, que nos ayudaba a levantar el vuelo acompañándonos hasta que podías batir, nosotros sólos, nuestras alas. Una mujer libre, independiente, divertidísima y que no desentonaba (tenía los años que yo tengo ahora) con los chavales de 15, 16, … Era capaz de integrarse y de conseguir que aprendiésemos cosas cuando hacíamos algo mal. Su palabra: E S T I M U L A N T E
Ella era más una amiga, que un referente. La quise, la quiero y la querré (esté donde esté). La lloro muchas veces porque su deriva ha sido … En fin: una mujer alegre, siempre con una carcajada pronta a salir, que era un estallido de alegría. Siempre una amiga, siempre aportando, siempre ayudando. Comprensiva siempre. Te quiero donde quiera que estés. Su palabra: D I V E R S I O N
Pasando los años he encontrado más mujeres que son un referente para mí. Lamentablemente no caben aquí. Creo que acabaré escribiendo un libro, aunque cada una de ellas merece uno para ella sola.
¿Y tú, qué referentes tienes?








