La insoportable levedad del ser

Después de una pausa me pregunto en qué momento hemos creído ser absolutamente inmortales… Vivimos como si siempre hubiese un “el año que viene”, “mañana lo hago”, “eso lo dejo para luego” y un largo etc. que, parece, que nos confirman que ahí estaremos mas tarde y de repente…

Nos comportamos como si siempre hubiese otra oportunidad para solucionar nuestros problemas, o para apartar definitivamente a personas que no nos hacen bien, para hablar con personas que amamos y que, por alguna cosa sin mucha importancia, fuimos dejando atrás.

Vamos por la vida como si dispusiésemos de una capa de superpoderes que nos hace indemnes, inmortales.

Vivimos en un nivel de soberbia tal que ni siquiera lo pensamos, lo damos por hecho.

De repente la torta que te dan resuena en Nueva York y la vida te muestra tu fragilidad, te enseña que, a lo mejor, más tarde no puedes decir otro “te quiero” o “lo siento”.

Por si no hay un “mas tarde” ahí van mis mensajes: a  ti GRACIAS por haberte ido, a ti perdóname, a ti TE QUIERO, a ti VETE A DAR UNA VUELTA… que yo me voy a cantar a gritos y a bailar como pueda (cosa que hace tiempo que no hacía).

¿Tú cómo vives?

Manipulación

¿Qué espera alguién, con quién digamos que no tienes „una relación de amistad”, que te busca para contarte cosas que te enfrentarían con otra persona con la que no te llevas bien?

 ¿Cuál es el argumento que se dá a si mismo para justificar ese comportamiento? Cree que eso es lo que hay que hacer?

¿Qué razonamientos se dá a sí mismo para poder soportarse?

Cuando el veneno es lo que parece dirigir la vida de una persona, ahí no es.

Cuando no tiene nada agradable que decir de nadie, ahí no es.

Cuando se muestra como mejor que los demás (todos los demás), ahí no es.

Cuando contribuye al escarnio de otra persona, ahí no es.

Cuando a tí te sonríe  y hace escarnio de otros, ahí no es.

Cuando lo que dice de otros no mejora el silencio, ahí no es.

Cuando se cree mejor que todo el mundo, ahí no es.

Cuando se rie de las desgracias de los demás, ahí no es.

¿Qué corre por sus venas?

¿Qué clase de vida tiene?

¿Cómo se enfrenta uno a eso?

El refugio

Eran los años sesenta, el entorno rural en el que vivían era inhóspito para las mujeres.

Temblaba cuando llamó a la puerta llorando, humillada, hundida, con el alma desgarrada y la sensación de haber desilusionado a los suyos, de haber fracasado en la vida y con la incertidumbre de no saber si la acogerían, saber si podría refugiarse del infierno que había sido su hogar.

Se desmoronó en cuanto fué consciente de que los suyos eran ellos: sus padres, su hermana…

Se dió cuenta de que no les importaba lo que nadie pensase, que daba igual lo que el mundo dijese, que la querían sin condiciones, sin preguntas.

Se dió cuenta de lo afortunada que era de poder ser lo que era en su casa: una niña desvalida y embarazada.

Se colgó de ellos con el espíritu de una niña, de un animal desvalido.

Se zambulló de lleno en el cuidado que le dieron, en su cariño y su protección.

Se dejó querer y cuidar como no lo había hecho la persona a la que había escogido para el resto de su vida.

Ahí las cuidaron a las dos hasta que decidió ir a buscar su infierno otra vez…

Las familias

A veces nos centramos en lo malo que nos sucede o cómo nos hacen sentir algunas actitudes de nuestros congéneres, pero también a lo largo de la vida vamos encontrando varias familias (unas más largas en el tiempo y otras fugaces).

¿Qué es una familia? Para mí una familia es un grupo de personas que te cuida de la que cuidas, que te comprende y que tú comprendes, que te dice las verdades sin ofender y a quién se las dices tú, con quién puedes contar y que pueden contar contigo, que te quiere y a quién tú quieres.

¿El tiempo que dura la relación?… es algo que no se puede cuantificar.

A veces tienes una familia efímera que dura un periódo pequeño durante el que, por circunstancias, estás lejano a los tuyos. Pueden ser un grupo de personas (o una sóla) que te arropan durante un tiempo en el que estás especialmente desprovisto de tu entorno habitual.

A veces tienes una familia (independiente de la otra) en el trabajo.

A veces tienes un familia en alguna actividad que desarrollas con una cierta frecuencia.

A veces tu familia no depende de la sangre que compartes con algunas personas.

A veces se convierten en un dolor de cabeza o te conviertes tú en su dolor de cabeza.

A veces se convierten en enemigos.

A veces hay personas que permanecen toda tu vida (algunos a lo mejor pasas mucho tiempo sin contacto).

Y a lo largo de la vida y de los acontecimientos algunas personas se suben a tu FAMILIA y otras se bajan.

Todos ellos forman parte de tu vida, de quién eres, de cómo eres, de tu forma de amar y de tu forma de relacionarte.

¿Quién crees tú que es tu familia?

Era domingo

Era domingo por la mañana y nos levantamos tarde, ella nos despertó con un beso de esos que te acercan tanto al cielo que no sabes cómo pudiste vivir años sin esa sensación.

Era domingo por la mañana y desayunamos chocolate con churros (un clásico) todos juntos.

Era domingo y fuimos a dar un paseo juntos y jugamos unos con los otros.

Era domingo y preparamos juntos una comida normal que supo a gloria bendita.

Era domingo y dormimos una siesta.

Era domingo por la tarde y salimos a dar un paseo y a tomar algo (o no) juntos.

Era domingo por la noche y jugamos una partida a los „troncos”.

Era domingo y nos preparamos para madrugar el lunes.

Era domingo y disfrutamos de tantas vivencias sencillas a las que no solemos dar importancia y que, al final, son las más importantes.

Era domingo… y puede dejar de serlo en cualquier momento.

Como quién oye llover.

Ella se dió cuenta de que no era nadie para sus compañeros cuando a alguién se le escapó que hacían actividades en las que no estaba invitada, cuando no la dejaban intentar cosas nuevas, cuando no la enseñaban nada de lo que ellos habían aprendido, la relegaban en todos los sentidos.

Se dió cuenta y eso fué un choque, porque no lo vió venir. Fué un puñetazo en toda la cara. Le dolió como nadie se imagina, sintió rabia, dolor, impotencia, ganas de … gritar, patear, escupir el veneno que la tenía infectada, morder…

Luego fué transitando entre las emociones fuertes y la desilusión absoluta y llegó a no importarle. Vamos: cómo quién oye llover.

Y ahora ya puede relajarse y participar en alguna broma, pero en el fondo no le importa nada de lo que digan.

¿Trabajas o has trabajado con personas que, tu crees que, te despreciaban? ¿Cómo te sentiste?

Desconcertada

Cuando tenemos alguién que necesita protección y vemos que por culpa de otra persona se vé en un situación peligrosa puede salir la hidra que todos llevamos dentro. No es justificable.

Cuando un pequeñito y estaba divirtiéndose en una atracción junto con otros niños, otros niños que eran bastante mayores y de repente uno de ellos saltó sobre el pequeñito. Le avisaron y él se reía y volvió a saltar sobre ella cuando ella ya estaba aterrorizada. Estaban en una zona en la que los adultos no deben acceder.

Los niños son niños y puede ser que en un primer momento no se dieran cuenta de lo que pasaba o del resultado de sus acciones, pero cuándo oye los gritos a su alrededor y se rie ¿qué piensa? ¿siente algo de empatía? ¿se dá cuenta de que está vulnerando a otro ser humano?.

¿Alguién recuerda lo que es sentirse física y emocianalmente vulnerable y desamparado?.

Dá un poco de miedo darse cuenta de las situaciones en las que se verán los nuestros a lo largo de la vida y las situaciones que pueden provocar.

Me asaltan las dudas de cuál sería la reacción más adecuada…

Aprender poco a poco

He visto que te quieren y aún así te cuesta quererte a tí misma.

He visto que te cuidan y aún así te cuesta dedicarte tiempo.

He visto que te apoyan y aún así apoyarte a tí misma.

He visto que te muestran respeto aún así te cuesta respetarte a tí misma

He visto que te avalan pero aún así tu no te sientes suficiente.

He visto que has roto barreras, que sigues aprendiendo a caminar de otra forma y a cambiarte de zapatos, si los que llevabas te lastiman.

El coste de las vivencias durante la infancia suele ser alto para las victimas y suele durar muchos años.

Muchas de las elecciones que haces corresponden a lo aprendido en la niñez, para bien y para mal.

A veces nos centramos demasiado en lo negativo, pero casi siempre hay una luz (aunque sea pequeñita) que te enseña otra forma de vivir, de relacionarte y lo más importante de respetarte. Gracias a ese rayo de luz al que podemos aferrarnos para superarnos.

Aún así ésto no es más que una foto, un lugar del pasado reflejado en nuestro presente, una cadena que sólo nosotros podemos romper, pero de la que debemos salir aunque ello nos cueste el resto de la vida.

¿Alegría?

Cuando el alivio llama a tu puerta y al abrir puedes divisar un poco de tranquilidad y de luz.

Cuando en el día a día vas viendo cada día más despejado y el sol asoma un poco más.

Cuando tú, que llevas una carga importante sobre tus hombros, parece que vas a poder disfrutar de tranquilidad.

Cuando lo que amenazaba con sumirte en la más absoluta debastación parece estar remitiendo.

Te encuentras espectante, entre esperanzada, contenta y asustada por el futuro. Estás en ese estado en el que te dá miedo alegrarte mucho por si es un preludio de la tragedia (otra vez). Porque, en el fondo, nos sentimos culpables por la alegría.

Adelante, con esa energía que sólo tú tienes, hermanita.

Mi pequeña hermanita

Eres mi hermanita de adopción (nosotras la hicimos) mi pequeña hermanita.

Un día nos presentaron (ni recuerdo cuándo) y comenzamos a hablar.

Pronto conectamos y comenzamos a hacer cosas juntas. Salíamos a caminar juntas (a veces solas, a veces con el peque y el cachorro) y hablabamos.

Viste tantas cosas que no te contaba… Recuerdo aquel día en que cuando volvimos de caminar se había desatado en infierno y el que, parecía, ser su representante vino a recibirnos echo una furia, completamente iracundo porque alguién se había confundido de número de teléfono… Te sorprendiste tanto, que todavía lo recuerdas a día de hoy. Creo que fué cuando empezaste a ver lo que sucedía.

Viste alguna de aquellas noches en las que, parecía, que cundía la más absoluta de las locuras y que todos y cada uno de los presentes parecía salido en una película de espíritus.

Recuerdo las jornadas de croquetas, las jornadas de rosquillas, las jornadas de bizcochos.

Estuviste ahí, apoyándo, compartiendo, escuchando, acompañando y abrazando. Mi hermanita pequeña.

Eres una de esas pocas personas que continúan ahí, una de las que supieron permanecer en un espacio neutral, sin influir, sin comentarios y sin recados, pero siempre apoyando.

Ahora que estás en una situación complicada no estoy segura de si te sirvo de algo, de si te estoy proporcionando suficiente apoyo…