La vergüenza no cambia de lado porque la victima (del sexo que sea, de los años que tenga, …) tiene que demostrar en un montón de ocasiones lo que ha sucedido.
Tiene que verbalizarlo en voz alta (no siempre puede, no digamos ya si no es adulto), lo que hace que se plantee un montón de dudas cómo si hizo algo para provocar la situación (cómo si eso fuese un eximente).
Tiene que contarlo en su entorno más cercano.
Tiene que ir a una comisaría, donde las preguntas le van a plantear más dudas. Y ahí inspección ocular, física, psicológica…
Tiene que contárselo a un abogado.
Tiene que responder las preguntas del ministerio fiscal, de la defensa del acusado. Todo esto no va a ser nada amable.
Ya no vamos a pensar si el hecho se produce con extrema violencia o incluso si se produce por el entorno cercano…
Tiene que soportar que los medios de comunicación (más o menos próximo a su domicilio) el escrutinio de su vida privada (como si lo que hacía con su libertad de decisión justificase el avasallamiento de su propia persona y libertad de decisión.
Incluso así el perpetrador esconde su cara, una cara que mostraba a cámara para regocijo de sus amigos o colaboradores.
No, la vergüenza no cambia de lado en ningún caso, sólo señala en ocasiones a los culpables…
La victima siempre pasa vergüenza en todas y cada una de las fases por lo que, en ocasiones, prefiere callar para preservar su tranquilidad futura y la de su entorno.