Silencio complice

Resulta irónico ver cómo algunas cosas parece que no han sucedido nunca y todos sabemos que han pasado siempre y en todos los lugares.

Todos conocemos a la persona que parecía encantadora en la calle, pero que oíamos gritar dentro de su casa.

Todos conocemos al sindicalista que tenía un negocio y explotaba a sus trabajadores.

Todos conocemos vecinas que parecen amables y que les hemos visto actitudes lejanas a la amabilidad.

Todos hemos visto a personas que predican sobre pureza y castidad y que tienen una vida “bastante animada”.

Todos hemos compartido charla con personas “muy respetadas socialmente” que eran abusadoras a escondidas y que nadie decía nada.

Nada nuevo bajo el sol.

Somos responsables

Nadie tiene la culpa y todos somos responsables, de una u otra forma, de nuestras relaciones (de las buenas y de las malas).

Somos responsables de las más destructivas, bien sea por comenzarlas bien por mantenerlas.

En algún momento debemos responsabilizarnos de destruirlas las malas por nuestra salud mental y emocional y por las de los que nos acompañan en la vida.

Somos responsables de las mejores. Vamos fortaleciendo relaciones que, en ocasiones aparecen de forma inesperada.

Somos responsables de las mejores y de las peores a lo largo de nuestro periplo vital.

Somos responsables de no regarlas con el contacto, la atención y el cariño expreso.

A tí

A tí que me quieres, que me amas sin condiciones.

A tí que me cuidas cuando estoy mal.

A tí que me apoyas en cada paso que doy.

A tí que, cuando no estás de acuerdo con mi punto de vista, me lo discutes.

A tí que no te duelen prendas en decirme las cosas claras.

A tí que, haga lo que haga, me apoyas.

A tí que estás siempre, «aunque llueva».

A tí porque a tu lado soy mejor cada día.

A tí porque a tu lado soy cada día más feliz.

TE QUIERO.

Más frios que una noche de helada

Estoy aquí mirando lo que pasa día a día y viendo con sorpresa que vivimos como si nada nos afecta.

Mirando que vivimos cómo si todo nos resbalase.

Pensando si alguna vez tendremos espíritu para, siquiera, alzar la voz en una tertulia.

Viendo cómo se en la “lejanía” pasan cosas y manteniéndonos en “territorio neutral”

Puede ser lo profundamente doloroso que les sucede a otras etnias, lo que sucede en nuestro mismo continente.

Puede ser lo que sucede en otro lugar de nuestro mismo país

Puede ser en la puerta de al lado.

Y entonces nos dolemos cuando las cosas repercuten en nosotros mismos o en los nuestros.

¿Acaso somos impermeables? ¿O sólo insolidarios hasta la medula en todos los ámbitos?

¿Quisiste?

Pasó el tiempo y me he reconciliado con lo nuestro y ahora me he puesto a pensar…

Te quise, te cuidé y perdí los papeles contigo en algunas ocasiones, pero tu no me cuidaste y perdiste muchas veces los papeles.

Perdiste los papeles y también tu vida y parte de la mía. Yo soy responsable de haber permanecido tanto tiempo.

Espero que sí, que puedas apreciar lo maravilloso de cuidar de alguién. Que seas capaz de cuidar sin contraprestación a alguién.

Espero que seas capaz de respetar las decisiones de los demás permaneciendo ahí.

Espero que seas capaz de engrandecer, de apoyar con respeto, de «sólo estar ahí».

Te deseo que puedas llegar a amar y a hacer sentir amado a alguién.

¿Quisistes?

¿HICE ALGO?

Es una de las cosas que siempre me acompaña.

¿Hice algo para que no me comprendieran?

¿Hice algo para que ese asqueroso me tocase con su mano contando con que no lo verían mis padres?

¿Hice algo para que mi tio-abuelo decidiera manosearme sin permiso?

¿Hice algo para que el jefe de … pensara que yo estaba obligada a cumplir tus fantasias?

¿Hice algo para que sentirme tan desprotegida, tan incomprendida y tan indefensa?

¿Hice algo para que, a día de hoy, no les importe?

Esto debe ser lo que se preguntan todas las victimas de abusos.

¿Hice algo?

No dijeron nada

Recientemente he contado alguno de los muchos pasajes, se lo he contado a las personas que más deberían haberme protegido. No dijeron nada.

Les hablé del vecino que venía a casa y al que había que huirle porque cuando abrías la puerta entraba con las manos por delante para tocarte. No dijeron nada.

Les hablé del tío abuelo que metió mano a todas las sobrinas-nietas. No dijeron nada.

Les hablé del jefe de uno de ellos que me amenazó con despedirle si no le permitía cumplir una de sus asquerosas fantasías. No dijeron nada.

Les hablé de ese otro vecino que me sobaba con disimulo, incluso delante de los demás. No dijeron nada.

Supongo que si eres mujer eso no tiene importancia, o por lo menos a la mayoría de las personas que te rodean, no le importa.

O peor, a lo mejor piensan que “algo hiciste para provocar eso”.

Parece que no entienden que tu debes decidir lo que haces con tu cuerpo y no otros porque cuando cuentas, muchos años más tarde, lo que te sucedió… 

Ya sabes: NO DIJERON NADA

¿La vergüenza cambia de lado?

La vergüenza no cambia de lado porque la victima (del sexo que sea, de los años que tenga, …) tiene que demostrar en un montón de ocasiones lo que ha sucedido.

Tiene que verbalizarlo en voz alta (no siempre puede, no digamos ya si no es adulto), lo que hace que se plantee un montón de dudas cómo si hizo algo para provocar la situación (cómo si eso fuese un eximente).

Tiene que contarlo en su entorno más cercano.

Tiene que ir a una comisaría, donde las preguntas le van a plantear más dudas. Y ahí inspección ocular, física, psicológica…

Tiene que contárselo a un abogado.

Tiene que responder las preguntas del ministerio fiscal, de la defensa del acusado. Todo esto no va a ser nada amable.

Ya no vamos a pensar si el hecho se produce con extrema violencia o incluso si se produce por el entorno cercano…

Tiene que soportar que los medios de comunicación (más o menos próximo a su domicilio) el escrutinio de su vida privada (como si lo que hacía con su libertad de decisión justificase el avasallamiento de su propia persona y libertad de decisión.

Incluso así el perpetrador esconde su cara, una cara que mostraba a cámara para regocijo de sus amigos o colaboradores.

No, la vergüenza no cambia de lado en ningún caso, sólo señala en ocasiones a los culpables…

La victima siempre pasa vergüenza en todas y cada una de las fases por lo que, en ocasiones, prefiere callar para preservar su tranquilidad futura y la de su entorno.

Fotografía

A veces nuestras acciones nos delatan, muestran nuestras verdaderas intenciones, aunque pretendamos disfrazarlas, incluso ante nosotros mismos.

Mantenemos relación, a veces obligada, con personas con las que no tenemos ninguna afinidad, más bien al contrario; y un día, con la guardia baja, enseñamos la patita.

Todos llevamos un lobo dentro esperando salir, agazapado por la educación o cualquier otra circunstancia, que vá creciendo en función de los “agravios” que creemos sufrir y que no sabemos verbalizar.

Muchos no sabemos expresar nuestras emociones antes de que exploten, simplemente las acumulamos y…

Algunos ponemos cara de asco, más o menos evidente, cuando la persona o la situación nos desagrada profundamente.

En otras ocasiones podemos mantener una posición socialmente aceptable hasta…

Entonces, de pronto, sin saber por qué, nos pilla con la guardia baja, el subconsciente nos delata y encontramos la excusa para mostrar la fotografía real.

Ni de lejos

Nos llenamos la boca diciendo que comprendemos el dolor por el que pasan los demás.

También que tenemos soluciones que mitigan lo que les sucede y no es verdad.

No lo es, ni siquiera si hemos pasado por lo mismo. Nunca es lo mismo.

Nosotros no somos ellos, nuestro momento no es el de ellos, las circunstancias no son las de ellos.

No hace falta que lo que pase sea una gran tragedia para que las personas la vivan como el fin de su mundo.

No puedo comprender el dolor de los demás, por mucho que lo intente.

Puedo escucharlo en silencio, estar disponible si me piden algo.

Puedo escuchar su dolor, puedo ofrecer mi hombro.

Cuando alguien tiene un dolor muy fuerte y no te pide «soluciones» o «paliativos»: respeta y no se los des.

Tú no eres ellos, por lo tanto no puedes entender, solucionar ni paliar.

Sólo escucha y actúa cuando te lo piden, porque no puedes llegar a comprender en toda su magnitud por lo que está pasando.