Somos lo que somos gracias a las circunstancias en las que nos vemos inmersos (a veces duras), a veces por nuestras decisiones y otras por las de otros. Todos guardamos mucho bagaje, alguno del cuál ni siquiera en nuestros momentos más íntimos reconocemos ni mencionamos.
Hoy voy a darle reconocimiento a todos esos sucesos, aunque no quisiera que ninguno de los míos tuviera que vivir alguno de ellos, pero he llegado aquí y no me han hundido (a veces parecía que estaban cerca).
A tí que quisiste y cuidaste aunque no te tocaba, a tí que jugabas conmigo, a tí que me tratabas con un cariño infinito, puedes irte con tranquilidad.

A tí y a tí que deberíais proporcionar lo que no supisteis, sin más, podeis sentir tranquilidad.
A ti que me odiaste desde cuando ní siquiera recuerdas, porque sí o porque no, puedes irte con tranquilidad.
A tí que me odiaste por el camino o por la circunstancia o por contagio, disfruta de tu tranquilidad.
A tí que me amas desde tiempo inmemorial pero no tuviste la fuerza para sacarme de donde estaba, aunque era tú responsabilidad; puedes sentir tranquilidad.
Y, sobre todo a tí, que me diste la mano para que saliera por mí misma, disfrútame y deja que te disfrute. En este apartado hay muchas más personas de las que se pueden imaginar. INFINITAS GRACIAS






