Infinitas gracias

Somos lo que somos gracias a las circunstancias en las que nos vemos inmersos (a veces duras), a veces por nuestras decisiones y otras por las de otros. Todos guardamos mucho bagaje, alguno del cuál ni siquiera en nuestros momentos más íntimos reconocemos ni mencionamos.

Hoy voy a darle reconocimiento a todos esos sucesos, aunque no quisiera que ninguno de los míos tuviera que vivir alguno de ellos, pero he llegado aquí y no me han hundido (a veces parecía que estaban cerca).

A tí que quisiste y cuidaste aunque no te tocaba, a tí que jugabas conmigo, a tí que me tratabas con un cariño infinito, puedes irte con tranquilidad.

A tí y a tí que deberíais proporcionar lo que no supisteis, sin más, podeis sentir tranquilidad.

A ti que me odiaste desde cuando ní siquiera recuerdas, porque sí o porque no, puedes irte con tranquilidad.

A tí que me odiaste por el camino o por la circunstancia o por contagio, disfruta de tu tranquilidad.

A tí que me amas desde tiempo inmemorial pero no tuviste la fuerza para sacarme de donde estaba, aunque era tú responsabilidad; puedes sentir tranquilidad.

Y, sobre todo a tí, que me diste la mano para que saliera por mí misma, disfrútame y deja que te disfrute. En este apartado hay muchas más personas de las que se pueden imaginar. INFINITAS GRACIAS

Papás.

Convertirse en padre por elección es un camino lleno de decisiones conscientes, cada una marcada por la intención, el deseo profundo de dar amor y el de proporcionar soporte al crecimiento de una vida. Este viaje único comienza con el momento de reconocimiento, donde surge el deseo de compartir la vida con alguién con quién, puede ser que, compartas vínculo genético o no. Es un paso valiente, definido por la el amor y el compromiso personal hacia el futuro.

Mi querido «papaíto»… Un referente tanto como hombre, como marido, como padre y como padre por elección. Fué, es y será un referente en mi vida. Ese hombre alto (visto desde mi más tierna infancia) que ataba una cuerda a un árbol para que yo pudiese saltar a la comba. Ese hombre divertido que aprendía conmigo las canciones infantiles. Ese hombre culto que compartía conmigo los cuentos de «Las mil y una noches» (el cuál había leído por la inmensa curiosidad de haber querido aprender cuando la necesidad y la misera eran su entorno). Ese hombre tierno, dulce, amoroso y firme como una roca, permanece en mi esencia aunque hace mucho tiempo que me falta.

Otro papá por elección es mi presente, que un día escogió ser y estar lo que otros no habían sabido ni querido. Un peluche grande. Ese compañero para jugar al balón dentro de casa o para saltar encima de la cama. Esa roca fuerte, que se mantenía firme cuando todo parecía un cúmulo de incertidumbres. Ese ser que lloraba de emoción cada vez que el retoño levantaba vuelo hacia algún lugar que le mantendría alejado físicamente, pero que también promocionaba su crecimiento aunque representáse estar alejado. Ese maravilloso ser siempre dispuesto a estar y a hacer.

El más reciente de ellos: un niño grande que apoya y promociona que al retoño le crezcan las alas y que apoya cada intento de vuelo. Ese ser que ha cambiado a Bad Bunny por Luli Pampín en sus canciones diarias. Que disfruta cada segundo, los alegres y los tristes, del crecimiento de la vida. Ese pedazo de hombre que fué, es y será un apoyo para los suyos. Que sabe dar un «buziaczkiy» un «tuli tuli» a cada uno de los suyos y apoyarlos en su crecimiento. Ese osito que lleva a caballito a su retoño (físicamente) y al resto de sus seres queridos (emocionalmente).

Nuevo horizonte, o no…

Recientemente, me embarqué en un viaje investigador hacia el nomadismo digital, un concepto que, aunque nuevo para mí, promete una aventura sin precedentes. A los taitantos, decidí que ahora era el momento perfecto para investigar en las posibilidades de mezclar mi experiencia vital con la flexibilidad y las habilidades de trabajar desde cualquier lugar.

El primer paso fue sumergirme en el aprendizaje de habilidades digitales relevantes, que me resultan apasionantes, desde marketing en redes sociales hasta el uso de herramientas para gestionar mi tiempo (una asignatura pendiente desde…). Cada día es una oportunidad para aprender algo nuevo, y la satisfacción de avanzar en el dominio de estas habilidades es inmensa. Estoy descubriendo que el verdadero valor no reside en la comodidad de lo conocido, sino en el coraje de explorar lo desconocido y en la constancia cuando no ves por donde seguir.

Foto generada por IA

Me estoy uniendo a comunidades en línea de nómadas digitales, buscando inspiración y apoyo en historias de personas. Ésta red me muestra que el camino hacia el nomadismo digital está pavimentado por la diversidad y la inclusividad. Es estimulante saber que puedo encontrar inspiración en otros que han seguido ese camino antes y que hay una comunidad entera dispuesta a compartir sus conocimientos y experiencias.

Ahora, me siento bien con mi aprendizaje… Todavía no sé si voy a seguir éste camino y me voy a reinventar completamente de forma laboral, pero sí que voy a continuar con éste aprendizaje. Sé que puede presentar desafíos, estoy espectante para enfrentarlos con una mente abierta y un espíritu aventurero.Nunca nos parece el momento perfecto para rediseñar la vida y abrazar el cambio, pero también sé que si nunca comienzas NUNCA lo harás.

Mujeres, mujeres

Hoy me he retrasado, por ello pido disculpas. Estuve pensando qué y quién iba a protagonizar mi entrada. Estuve dando vueltas a mis referentes y descubrí que sólo tuve un referente masculino en mi infancia y juventud: mi querido «papaíto». Pero hoy le toca a las mujeres y sé que no caben todas aquí.

Mi querídisima «mamaíta»: una mujer pequeña, menuda, tremendamente cálida. Era un ejemplo en todos los sentidos: solidaria, moderna (más que sus hijas), cálida como ninguna otra y con una practicidad que te dejaba sin palabras. Recordaré siempre esa preciosa mujer haciendo chulas, papas, huevos fritos con patatas fritas (los mejores que he podido comer en mi vida), cómo te ponía las manos en la cara con un gesto que sólo ví en otra persona (otro capítulo). Fuerte, a pesar de su aparente fragilidad. Dura, resistente, una columna a la que agarrarte. Una mujer con una paciencia infinita, con un respeto por la vida ajena que era un ejemplo para mí. Siempre fué capaz de ponerse en los zapatos del otro. Un ejemplo a seguir y que merecería mucho más ella sóla. Su palabra: C A R I Ñ O

Carme, la mejor profesora que he tenido. Una mujer comprometida con todos y cada uno de sus estudiantes, que se preocupaba de saber que pasaba en sus vidas por si necesitaban algún tipo de ayuda (eso no era fácil de encontrar en aquellos tiempos). Que intervenía cuando creía que era necesario y que era capaz de dar una clase que nos dejaba la cabeza dando vueltas, con unos métodos disruptivos, divertidos y tremendamente estimulantes. Una mujer que celebraba nuestros triunfos como si fueran los suyos, que nos ayudaba a levantar el vuelo acompañándonos hasta que podías batir, nosotros sólos, nuestras alas. Una mujer libre, independiente, divertidísima y que no desentonaba (tenía los años que yo tengo ahora) con los chavales de 15, 16, … Era capaz de integrarse y de conseguir que aprendiésemos cosas cuando hacíamos algo mal. Su palabra: E S T I M U L A N T E

Ella era más una amiga, que un referente. La quise, la quiero y la querré (esté donde esté). La lloro muchas veces porque su deriva ha sido … En fin: una mujer alegre, siempre con una carcajada pronta a salir, que era un estallido de alegría. Siempre una amiga, siempre aportando, siempre ayudando. Comprensiva siempre. Te quiero donde quiera que estés. Su palabra: D I V E R S I O N

Pasando los años he encontrado más mujeres que son un referente para mí. Lamentablemente no caben aquí. Creo que acabaré escribiendo un libro, aunque cada una de ellas merece uno para ella sola.

¿Y tú, qué referentes tienes?

Vampiros emocionales

¿Sabes lo que son?. Pues son los seres que se alimentan de la energía, la atención y las emociones de los demás, dejándolos agotados, frustrados y deprimidos. Son personas que no respetan los límites, que manipulan, que critican, que se victimizan, que mienten, que chantajean, que culpabilizan… En definitiva, son personas tóxicas que nos hacen daño y que dejamos que participen de nuestras vidas justificándonos de diferentes maneras.

Pueden ser familiares, amigos, parejas, compañeros de trabajo o incluso desconocidos. A veces no los identificamos porque se camuflan bajo una apariencia de bondad, de interés, de simpatía o de necesidad. Pero tarde o temprano, sus verdaderas intenciones salen a la luz y nos damos cuenta de que nos están chupando la sangre.

Hablamos mucho de amigos, parejas; en fin de personas que nos vamos encontrando y que escogemos que formen parte de nuestra vida, pero esas mismas personas son-pueden ser-serán vampiros emocionales de niños que no pueden escapar de su control. Acceden a ellos porque son sus hijos, sobrinos, hijos de amigos, … Entonces las pobres criaturas crecen pensando que esa es la conducta normal, que no son suficientes para que se les quiera, que no merecen amor por sí mismos, que el amor está sujeto a que se hagan las cosas como esa persona quiere y que nunca será suficiente.

Está muy mal visto que alguién diga en voz alta que pueden ser vampiros emocionales nuestros tíos, abuelos, padres o cualquier otro adulto en cuyo cuidado caiga la criatura. Ahí están perdidos porque los abusadores construyen una dependencia emocional con ellos que los va a mantener atados y deudores de por vida. Y así tenemos personas que o son manipuladores o son manipulados en su vida adulta y de esa forma perpetuamos la toxicidad emocional, el dolor asegurado de ellos o de los que les rodeen.

¿Cómo podemos reconocer a las personas tóxicas si el lazo invisible ya está instaurado?

Tocando el cielo

La mejor mezcla: el Sol y el Mar.

¿Te pasó a tí?

Cuando finalmente reuní el valor para poner fin a años de tormento, nunca imaginé que el camino hacia mi libertad estaría sembrado de nuevas formas de miedo. La ruptura no fue el final, sino un contínuo oscuro más, donde las sombras de la persecución y las amenazas se convirtieron en mi nueva realidad. Incapaz de aceptar lo inexorable, pude ver otra vez más su peor cara y su obsesión, en una persecución sin descanso que no dejaba espacio al aliento.

Vivir con el constante temor de que algo terrible pudiera suceder no nos obligó a cambiar nuestra rutina, a mirábamos por encima del hombro, a saltábamos al menor ruido. Las noches se convirtieron en un escenario más de la pesadilla iniciada años antes, cada pequeño sonido, el teléfono sonando, todo era un recordatorio de que la amenaza seguía ahí, acechando. La tranquilidad que había supuesto la nueva forma de vida para protegernos se sentía frágil, vulnerable a ser destrozada en cualquier momento.

La angustia de saber que el miedo no me alcanzaba sólo a mí, me desgarraba el alma. Ver lo que debería ser una inocencia despreocupada, ahora marcada por la incredulidad, el desconcierto y la preocupación, me rompía el corazón una y otra vez. Había que protegerlo, debía ser el escudo contra un peligro que nunca debería haber conocido. La lucha por nuestra seguridad y bienestar nos unió de maneras que nunca imaginé, transformando nuestro vínculo en una fortaleza impenetrable.

A pesar de la oscuridad que nos rodeaba, me aferré a la luz de la esperanza. Cada día que pasaba era un recordatorio de fortaleza y determinación. Con la adversidad cara a cara, aprendí el verdadero significado de la amistad. Esta batalla por nuestra libertad me enseñó que, incluso con el alma quemada, puedo encontrar la fuerza para renacer de las cenizas, para reconstruir vidas sobre los cimientos del amor, la seguridad y, sobre todo, la esperanza en un futuro donde la sombra se disipe, dejándonos finalmente en paz. En este camino cada paso adelante es una victoria, un acto de valentía que nos acerca a la tranquilidad.

Y así fué…

Amigos

Hoy me gustaría compartir algo que la vida me ha enseñado a lo largo de los años. Una lección sobre el valor de reinventarse, desde el principio.

Cuando las arrugas comenzaron a trazar mapas más definidos en mi rostro y el plata comenzó a reclamar su territorio, descubrí que el crecimiento personal no tiene fecha de caducidad.

Me enfrenté a mi yo un montón de veces, no solo para contemplar el paso del tiempo, sino para preguntarme sinceramente: «¿Cómo puedo mejorar? ¿Cómo puedo «espolear» mi natural inquietud? ¿Qué me divertiría hacer? ¿Qué es lo que me provoca curiosidad aprender?.

En todas las ocasiones la escritura ha resultado ser catártica para mí, una pasión que había postergado por décadas.

Al principio, las palabras se me resisten, tímidas, como si dudaran de mi capacidad para darles vida. Pero persisto (a veces), y el lápiz (o el teclado) corre por la hoja a una velocidad de vértigo y parece la historia se está escribiendo a sí misma.

Es estupendo descubrir (o retomar una abandonada) una nueva pasión, aprender algo nuevo, que puede cambiar o no el curso de tu historia.

La vida es un lienzo en blanco (aunque a veces parece negro). Voy a pintarla de color y a ver si dejo un buen recuerdo en todos aquellos que me rodean y que forman parte de lo que yo llamo «mi gente».

Así que te invito a reflexionar: ¿Hay algo que siempre has querido hacer pero nunca te has atrevido?